jueves, 7 de julio de 2011

No me da la gana de escucharte

Por Jimina Sabadú

Cuando no pasaba nada, la Nación Taxista decía “A ver si los jóvenes salgan a la calle”. Cuando salieron, dijeron “Con eso no hacemos nada”. Cuando la juventud acampó, dijeron “Son cuatro jipis”. La Nación Taxista Sección Izquierda dijo “Son cuatro pijos”. Cuando la acampada siguió dijeron “No es democrático”. Cuando se quitaron las menciones a partidos, dijeron “Hay que echarles, o harán una revolución”. Cuando se vio que no se trataba de hacer revolución, dijeron “Esto es cosa de Rubalcaba” o “Esto es cosa del PSOE”. Cuando el PSOE salió derrotado, la Sección Izquierda dijo “Es culpa vuestra”, y la Sección Derecha que “No dicen nada de Bildu”. Y la manifestación del 15M se había convertido en acampada, y la acampada había crecido, se había extendido por las ciudades… Es entonces cuando dijeron que eran radicales, que no se duchaban, que eran antisistema. Cuando se levantó la acampada, la Nación Taxista volvió con “Seguro que lo dejan todo hecho una mierda”. Cuando lo recogieron todo y absolutamente todo, dijeron que “los comerciantes habían perdido mucho dinero”. Cuando la marcha fue al Congreso, se invocó a la Constitución y a la Guerra Civil, y también a veces al Golpe de Estado. Cuando volvieron, dijeron que “ya lo dejarán con el verano”. Y aquí estamos recién entrados en el verano.

Entre todas estas opiniones y chistes, desde los colectivos asociados al 15M se había elaborado una lista de los políticos imputados por delitos de corrupción que abarcaba, curiosamente, a todos los partidos que habían ninguneado al 15M o que habían advertido sobre su poder desestabilizador.

Cuando miles de jóvenes fueron a manifestarse al Congreso, salió una foto de su interior en la que había menos de una docena de diputados. Para aprobar el Pacto del Euro había unos cuantos más. Todos ellos de acuerdo en que está bien recortar en Sanidad, Educación, y en ayudas a los colectivos menos favorecidos. En momentos de crisis, claro está, hay que apretarse el cinturón, pero eso en ningún momento pasa por eliminar coches oficiales, controlar el absentismo, eliminar privilegios en el pago de impuestos, limitar las dietas, la inmunidad, hacer que los delitos de corrupción no prescriban… En algo estaban de acuerdo por fin PP y PSOE: en que pagáramos nosotros. Pero hay un problema, y es que nosotros poco más podemos pagar. ¿Podemos aguantar otro año con cinco millones de desempleados? Puede ser. Aquellos que tengan familia de la que vivir, desde luego. ¿Y los demás? No sabe, no contesta.

La ampliación del perímetro de seguridad del Parlamento en horas de manifestación ha dado una idea clara de lo que está pasando: la Nación Política, al igual que la Nación Taxista, prefiere no escuchar. Los problemas se hacen cada vez más grandes y sí, quizás nos olvidemos durante el verano, porque el calor, igual que no te deja dormir, te relaja. Pero, ¿qué pasará en septiembre?.

Según los tertulianos de la mañana de RNE, los jóvenes no tenemos de qué quejarnos porque podemos viajar a Londres por treinta euros (sic), pero resulta que los jóvenes ya no tenemos treinta euros. Puede que tardemos mucho en volver a tenerlos. Porque nos pasamos años, años, y años, con empleo precario. Algunos estamos dejando de ser jóvenes y seguimos con empleos precarios o en trabajos donde la precariedad está solo en el salario. Agradecidos, tenemos que sonreír, aguantar, y no cobrar vacaciones, horas extras, ni dietas de ningún tipo (la comida, de casa, y que se sirva fría, que rara vez hay microondas) para conservar ese trabajo de ensueño. Tenemos que seguir rotando en puestos de teleoperador, de camarero, de becario, mientras pasan los años y dejamos de ser jóvenes, mientras nos dicen que “eso son los comienzos”. Pero ¿Cuánto duran los comienzos? No lo se, pero sí se que las acampadas han sido un comienzo. Bien es cierto que muchos manifestantes no han estado allí más que al mogollón, que han ido a corear “No nos representan” igual que han coreado “Villa maravilla” o los ritmos de Carlinhos Brown cuando una marca de snacks le ha traído. Pero los que se preocupan, se quedan. Y se seguirán quedando y manifestando cuando se acabe el dinero, el de nuestras familias y el de nuestros ahorros. Y entonces, con más ganas y más saña. Porque lo que no sabe la Nación Taxista es que el 15M nos ha ofrecido algo que ellos jamás nos han dado: la oportunidad de sentirnos útiles y apreciados. La oportunidad de hacer las cosas por ti mismo, de elegir, y de participar. Tampoco sabe la Nación Taxista que este movimiento “juvenil” tiene en su haber a un sector mucho más quemado que el de los antisistema. Tiene a un montón de hombres y mujeres de mediana edad que han sido despedidos y que saben que lo más probable es que no puedan volver a trabajar.

La crisis tiene pocos visos de ir a menos. Tiene pinta de que va a ir a más. Y mientras que nosotros nos quejamos, ¿Qué van a hacer en los medios y en el Parlamento? ¿Seguir diciendo “y tú mas”? ¿Hasta cuándo? Puede que cuando ellos también se queden sin trabajo, porque ya no haya dinero para nada ni nadie, puedan bajar a la plaza y leer los carteles y las propuestas.

4 comentarios:

Gaspar Hauser dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Fernando dijo...

15 m = izquierda radical, no me creo nada de sus buenas intenciones.

La funcionaria de Vainica doble dijo...

Eres genial y escribes requetegenial. Por fin Jimina Sabadú enfangándose ideológicamente.
Cuando nos cruzábamos por la Alameda te debí prestar infinita más atención.

Una arrepentida que te ha leído siempre con admiración sin saber que eras tú

reme dijo...

muy buen texto,
(no me da la gana de escuchar a los desanimantes arribafirmantes)

un beso,

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